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  • Luz de gas (gaslighting): cuando empiezas a dudar de tu propia percepción

    Luz de gas (gaslighting): cuando empiezas a dudar de tu propia percepción

    «¿Seguro que eso pasó así?»
    «Estás exagerando.»
    «Eso ocurrió de otra manera.»
    «Te tomas todo demasiado a pecho.»

    Una conversación termina y algo resulta extraño. Antes de empezar tenías bastante claro qué había ocurrido y cómo te había hecho sentir. Al terminar, empiezas a preguntarte si quizá lo entendiste mal.

    Repasas mentalmente la conversación. Buscas mensajes antiguos. Intentas recordar las palabras exactas. Preguntas a alguien de confianza qué opina.

    Y poco a poco aparece una pregunta mucho más profunda:

    «¿Puedo confiar en mi propio criterio?»

    Esta experiencia puede aparecer dentro de una dinámica conocida como luz de gas (gaslighting).

    ¿Qué es la luz de gas (gaslighting)?

    La luz de gas describe un patrón de manipulación interpersonal mediante el cual una persona niega, distorsiona o desacredita repetidamente la experiencia de otra, favoreciendo que esta empiece a cuestionar su percepción, sus recuerdos o su propio juicio.

    La clave está precisamente en la palabra patrón.

    Dos personas pueden recordar una conversación de manera diferente, interpretar de forma distinta una situación o discrepar acerca de las intenciones del otro. La memoria humana es reconstructiva y estas discrepancias forman parte de las relaciones.

    En la luz de gas encontramos un patrón mantenido de invalidación o distorsión que puede ir debilitando progresivamente la confianza de la persona en su propia experiencia.

    «Igual estoy exagerando»

    Una de sus consecuencias más importantes aparece cuando la duda sobre la otra persona empieza a convertirse en duda sobre una misma.

    Pueden aparecer pensamientos como:

    «Quizá soy demasiado sensible.»

    «Puede que lo haya entendido mal.»

    «Igual estoy haciendo una montaña de algo pequeño.»

    «A lo mejor realmente el problema soy yo.»

    La necesidad de recuperar seguridad puede llevarte a comprobar continuamente lo ocurrido: releer conversaciones, guardar mensajes, reconstruir discusiones mentalmente o pedir a otras personas que confirmen tu interpretación.

    Estas comprobaciones cumplen una función comprensible: intentan devolverte certeza.

    A medida que necesitas más pruebas externas para confiar en lo que piensas, recuerdas o sientes, la confianza en tu propio criterio puede hacerse más frágil.

    ¿Qué consecuencias puede tener?

    Una relación caracterizada por este tipo de dinámica puede afectar progresivamente a la forma en que una persona se relaciona consigo misma.

    Puede aparecer menor confianza para tomar decisiones, mayor necesidad de validación, inseguridad, culpa, ansiedad y una vigilancia creciente sobre lo que dices o haces.

    También puedes empezar a anticipar las conversaciones: pensar cuidadosamente qué palabras utilizar, intentar recordar exactamente qué dijiste o prever cómo reaccionará la otra persona.

    Con el tiempo, esta forma de funcionar puede extenderse más allá de esa relación.

    Incluso cuando la relación ha terminado, puedes encontrarte revisando tus decisiones, dudando de tus interpretaciones o permaneciendo en alerta ante determinadas reacciones de los demás.

    Cambiar la pregunta puede ayudarte

    Después de mucho tiempo intentando averiguar quién tiene razón, es fácil quedar atrapada en una pregunta:

    «¿Estaré exagerando?»

    Podemos ampliar el foco:

    «¿Qué efecto está teniendo esta relación en mí?»

    ¿Salgo de las conversaciones sintiéndome confundida?

    ¿Confío menos en mi criterio que antes?

    ¿Necesito comprobar continuamente lo que recuerdo?

    ¿Me cuesta expresar que algo me ha molestado?

    ¿Dedico mucha energía a justificar por qué tengo derecho a sentirme como me siento?

    Estas preguntas permiten observar algo especialmente relevante: el patrón de la relación y el efecto que está teniendo en ti.

    Recuperar la confianza en tu propio criterio

    El trabajo psicológico puede ayudar a comprender qué ocurrió en esa relación y, especialmente, qué consecuencias ha tenido en tu forma de relacionarte contigo misma y con los demás.

    El proceso puede incluir reconocer tus emociones y necesidades, diferenciar hechos de interpretaciones, recuperar autonomía en la toma de decisiones, establecer límites y reconstruir progresivamente la confianza en tus propias percepciones.

    El objetivo trasciende poner una etiqueta a una relación.

    Se trata de recuperar un lugar desde el que tus pensamientos, emociones, recuerdos y percepciones vuelvan a constituir información valiosa para ti.

    ¿Te reconoces en algo de esto?

    ¿Una relación te ha dejado dudando de ti, revisando cada decisión y sintiéndote en alerta incluso cuando todo parece estar bien?

    Podemos trabajarlo juntas en consulta.

    Comprender puede cambiar tu historia.

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